Asqueado

Disgustado, asqueado, profundamente enojado. Aun teniendo claro que la labor voluntaria en la catástrofe de Haití es digna de alabanza, no puedo sentirme de otra manera al observar las vergonzantes fotografías de varios médicos voluntarios puertorriqueños haciendo una serie de bromas durante sus trabajos en Haití. No contentos con sacar las instantáneas, crearon un grupo en Facebook y comenzaron a colgarlas orgullosamente en la red.

¿Que cuáles son esas instantáneas? Los voluntarios se presentan en las más variadas acciones. Blandiendo armas que los soldados dominicanos les han prestado mientras posan con ellos. Celebrando con todo tipo de alcoholes, no sé muy bien el qué, en mitad de tanta desolación y muerte. Sonriendo ante la cámara mientran sujetan seguetas antes de amputar miembros. Fotografiando a una muchacha hatiana semidesnuda que está tumbada en una camilla. Cogiendo un brazo ¿amputado? –no se aprecia bien en la foto– mientras sonríen…

Versión oficial: demostrar que hasta había que usar la sierra. Pregunta: ¿Y la sonrisa, entonces?

No entiendo muy bien cuál era el objetivo de estas fotografías. Comprendo que después de estar  todo el día y la noche viviendo el dolor humano, es necesario alejarse de él y relajarse un poco, pero al ver estas imágenes me da la sensación de que estoy viendo a estudiantes en un viaje de final de bachillerato… Poco que decir, pues, sobre las fotos en las que aparecen bebiendo –bueno, quizá evitar el mal gusto de seguir uniformados y de posar con las armas–. Pero las fotos en los quirófanos, o con los pacientes desnudos en camilla, ya bordean el espinoso terreno de lo siniestro. Por esa razón, y por su insensatez, a cada uno de ellos yo les preguntaría si les gustaría que los hipotéticos doctores hicieran lo mismo en caso de que sus familias, o ellos mismos, estuvieran en un quirófano como consecuencia de alguna catástrofe natural. Si les parecería bonito que les sacaran una fotografía desnudas y malheridas a sus mujeres, a sus madres, a sus hermanas o a sus hijas. Si no es esto tan lamentable ni tan inhumano como las célebres fotografías de los marines en Abu Grahib.

Quizá ni siquiera serían capaces de responder. A mí me llama siempre la atención por qué los jóvenes boricuas se ríen a carcajadas ante imágenes de violencia, tortura o sufrimiento cuando ven películas en el cine o en la televisión. Tras observar estas fotografías he comprendido amargamente que no es cuestión de edad, sino de inmadurez potenciada por un sistema social y educativo paternalista, en el que comienzan a asumirse muy tarde –o tal vez nunca, en muchos casos– las responsabilidades y los roles adecuados a cada edad.

Brian me pasaba esta mañana un artículo de Le Monde muy jugoso sobre las burradas que se están cometiendo en Haití en nombre de la ciencia: cómo se prefiere amputar antes que curar incluso cuando lo primero no es necesario. Recomiendo al galeno que está blandiendo orgulloso su sierra que eche un vistazo a ese texto. O mejor no, porque muy probablemente no sabe hablar la lengua de los seres humanos de los que se burla: puede que para él sean simplemente un trozo de carne –negra– con ojos. Y yo les pregunto a todos ellos, que se ríen tan orgullosos ante la cámara, con un dicho popular de su querida isla: señoras y señores, ¿dónde están sus abuelas?

PD: Para abrir el debate, aconsejo leer las distintas reflexiones de mis colegas Rima Brusi y Mario Núñez en sus blogs respectivos.

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