Justicia poética en una bañera

Es una de las imágenes más paradójicas, al menos a primera vista, de la Segunda Guerra Mundial: la estadounidense Lee Miller en la bañera del apartamento privado de Adolf Hitler en Múnich la noche del 30 de abril de 1945, horas después del suicidio del dictador en su búnker berlinés. La imagen podría presentar, a primera vista, todos los rasgos de una instántanea: después de varias semanas sin poder asearse a conciencia, es muy probable que Miller se muriese por introducirse en esa bañera. Ni corta ni perezosa, se habría despojado rápidamente de sus ropas y se habría zambullido hasta limpiarse el más mínimo resquicio de suciedad y sudor.

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