Los ojos cerrados

“Le sommeil est plein de miracles!”, gritaba con tinta el poeta Charles Baudelaire en uno de los poemas de Las flores del mal (1857). Al subrayar la importancia en el acto de dormir –le sommeil– por encima de su resultado, el sueño –le rêve–, Baudelaire asimilaba la figura del poeta, y del artista en general, a la del durmiente. Dormir y trabajar debían ser una misma cosa: así se explica que otro poeta, Saint Pol-Roux, llevase al límite aquella declaración de principios colocando el letrero “el poeta está trabajando” sobre la puerta de su dormitorio… Para seguir leyendo el artículo, pulse en la edición de 80grados, aquí.

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