Guernica o la mostración incómoda

La cortina. Era la tarde del 5 de febrero de 2003. El general Colin Powell, por entonces Secretario de Estado estadounidense, se presentó firme y locuaz ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Su objetivo era denunciar ante la ONU que el gobierno de Irak no había cumplido los requerimientos de seguridad impuestos por la organización, que tenía armas secretas y, por ello, justificaba la invasión inmediata del territorio iraquí. El protocolo observa que, tras la comparecencia, los ponentes deben conceder una rueda de prensa ante las cámaras en una sala preparada a tal efecto. El azar le jugó una mala pasada al general, pues la pared de fondo está decorada con un tapiz del Guernica de Picasso donado por los herederos de Nelson Rockefeller en 1985. Días antes de la comparecencia de Powell, la réplica fue ocultada temporeramente tras una tupida cortina azul. Las fuentes oficiales lo justificaron en términos de fotogenia sin dar demasiadas explicaciones: el color ultramar de la tela entonaba mucho mejor en televisión… Para seguir leyendo este artículo en la revista “80 grados”, pulse aquí.

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