Navidad, exotismo y deseo

[Para Urania. Intuyo que le gustará.]

Hoy siento que me invade una frivolidad típicamente prenavideña; sé que ustedes me comprenderán y me perdonarán, rodeados como estamos de una lacerante y preocupante realidad. Y por eso he decidido hablarles de algo que se convierte en lo más típico de las fechas que vivimos. Sí, lo han adivinado: la decoración navideña.

La alcaldía de la ciudad de Mayagüez es bella y sin embargo anómala en su existencia; se trata de un edificio neoclásico continental, construido en época anacrónicamente postclásica –perdón, estoy pensando con mentalidad moderna—, rodeado de enormes columnas adosadas corintias con ese color blanco inmaculado que uno solo encuentra en los sublimes edificios-bizcocho del city beautiful. Es bello en su simplicidad, y por ser la recreación de una tipología fosilizada en su blanco reluciente, resulta más moderno de lo que pudiera parecer a simple vista. No obstante, año tras año su fachada es obligada a sufrir el espeluznante espectáculo de su ocultamiento –como si de una tramoya se tratase– bajo un armazón de telas, luces y hierros que fluctúan entre el dèjá vu y el delirio más atroz. A este ocultamiento dedicaré las próximas líneas.

El alcalde ya lo anunció a bombo y platillo: se adelantaban cambios en la tecnología de la iluminación –se impone la ecología de las lámparas LED–, y en la definición de los asuntos que serían objeto de la ornamentación. Debo confesarles que en ambos puntos albergué alguna esperanza, pero éstas se desvanecieron al observar el otro día la iconografía desplegada sobre la refulgente fachada municipal.

No podía ser de otro modo: la ciudad de Mayagüez es conocida como la Sultana del Oeste, si bien alguien ha decidido ascenderla inopinadamente a “Sultana del Caribe”. Y siendo una sultana, había de protagonizar la composición principal, encabezada por un título explicativo colocado justo delante del frontón, puesto ahí con el fin de aclarar las dudas de aquellos mayagüezanos que suelen pasear por sus alrededores y, ante cualquier indicio de atentado a las buenas costumbres, telefonean a la alcaldía para pedir explicaciones por el espectáculo gratuito de gusto dudoso –para ellos y ellas, claro está–.

Pero mejor observemos detalladamente la fachada. A la izquierda, una Sultana ligerita de ropa se ha hecho carne literalmente y nos contempla con mirada pícara –que se ilumina de noche– mientras procede a desprenderse de su velo, una actitud extremadamente sensual en los países musulmanes. Su postura y su complacencia indolente la convierten abiertamente en objeto de deseo. Al contemplarla, no puedo por menos que recordar las espectaculares pin-up girls –que curiosamente vuelven a estar de moda– dibujadas, entre otros, por Bill Medcalf desde los años veinte. Y si no me creen, comparen estas imágenes:

Merry Christmas. Bill Medcalf, s.f.

Así se nos presenta el personaje principal de esta decoración tan poco navideña, desde su esplendor esdrújulamente arábigo, desértico y exótico. Porque ella es, tal como decía Javier Cámara sobre su amiga Zahara en La mala educación –los recuerdos combinados sobre esa película y la plaza me asaltan–, “una mezcla de desierto, casualidad y cafetería”. Si en el discurso que propongo ella está disponible para el deseo, ¿quiénes son los agentes del mismo? Los tres hombres con turbante que la observan con alborozo desde el lado derecho de la fachada.

Prefiero no pensar que esos tres jubilosos maduros son los Reyes Magos, pues siempre he sido su ferviente admirador frente a la presión mediática del importado Santa Clos. Lo cierto es que son tres, también, aunque hay dos datos que me hagan dudarlo: ninguno de ellos es trigueño y el de la derecha se parece sospechosamente a Eugenio M. de Hostos. Y aunque no sean los Tres Magos del libro sagrado, no cabe duda de que les sobran los poderes: uno va volando sobre una alfombra y el hostosiano está saliendo de una lámpara mágica igualita a la de Aladino. Seguro que con estos mimbres Salvador Dalí habría sido capaz de componer uno de sus espectaculares textos paranoico-críticos. Yo, por mi parte, deseo que el jolgorio de los pseudo-Reyes se deba a la alegría derivada de la celebración navideña, aunque la explicitud con que muestran sus regalos a la Sultana suscite una duda difícilmente resuelta.

Sea como sea, me alegra saber que la alcaldía se ha quitado de encima varios complejos y muestra toda la sensualidad hipnótica y exótica que tienen estas tierras en plena Plaza de Colón… Lo malo de todo esto es comprobar con qué facilidad los estereotipos foráneos son interiorizados por los poderes autóctonos, porque la promesa de placer y sensualidad funciona, sobre todo, como necesario reclamo para los turistas. Por otra parte, la protagonista probablemente habrá provocado más de un respingo a varias personas que hayan visto la fastuosa decoración: que en pleno siglo XXI se siga jugando con la imagen de mujer-objeto y, en este caso, para vender algo tan intangible y ejemplarizante como el mensaje navideño, no deja de resultar chocante.

Les hablé más arriba de las pretensiones ecólogicas del proyecto, y en este sentido quizá sería bueno pedir humildemente a los diseñadores, y a algunos funcionarios del municipio, algo que yo siempre recomiendo a mis estudiantes: que se vayan a recorrer mundo. Así se percatarían de que la mayoría de las alcaldías han decidido reutilizar sus ornamentaciones, cambiándolas de lugar, para evitar mayores gastos en las arcas municipales. También advertirían que su propuesta formal ha sido superada en varios países hace ya más de treinta años. Y, por último, en su viaje descubrirían maravillados las bondades de la abstracción, que les liberaría de la iconografía manida de Reyes y pastores, o mejor aún de apuestas tan innovadoras y poco afortunadas como la Marilyn morena –¿o es Maripily?– que nos observa pícara desde la alcaldía. Ahora bien, ¿nos mira a nosotros o liga descaradamente con el atribulado Cristóbal Colón? Pero mejor no entremos en esos vericuetos, pues entre todo este maremágnum cabe mencionar una cosa buena –como Dios manda– en esta ornamentación. Los diseñadores han logrado, por sí solos y en escasos pies cuadrados de superficie, aquello de lo que no fueron capaces ni tan siquiera ocho Cruzadas: convertir a Aladino, al genio de la lámpara y a la pin-up islámica a un cristianismo alegre y festivo. Aleluya.

Entradas relacionadas: Réquiem por un graffiti. Los paraísos perdidos.

Anuncios

  1. Marimer Gómez

    Jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja…**inhalo…exhalo** jajajajajajajajajajajajajajajaja.

  2. 1. Hay que hacer un poco de arqueología cotidiana para entender la presencia de esa Sherezada navideña. La lata de galletas Sultana, provisión vital de los pobres, tenía esa imagen sobre un fondo amarillo. Contenedor, escalerilla, estante, cesta, tiesto, cofre, cubo para cargar el agua; la lata fue adminículo e ícono de toda una generación, a la que se le quedó impregnada la imagen sensual de la “sultana.” Por cierto, la de la lata era preciosa, y no se parecía en nada al muñequito navideño, y sí al pin-up, que tiene una larga y casi-respetable historia en el arte comercial (pienso en Vargas, por ejemplo, pero con ello quedo marcado).

    2. El campo es leña… y el jíbaro es comida de puerco… Lo digo en broma, pero hay aquí un kitsch horrible que no entiendo cómo pudo colarse en ese enorme velo trasluciente. De hecho, la lata de galletas Sultana servía para recoger el “friegue”, la comida para los puercos, con los restos de la cocina boricua. Y claro, cerdo = Navidad… por muchas razones… pero ahí lo dejo.

    3. Al negro se le invisibiliza siempre, es lo esperado… y pensar que somos locos con Melchor, que acá es el negro de la historia.

    Como siempre, ¡una pieza exquisita de tu parte!
    Gracias,

  3. canny

    Un despliegue oximorónico bajo tu mirada es alucinante y divertidisimo
    ay Rafa si no fuera por estos ratitos…

  4. Josue

    No pudo decirlo mejor…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: