László Moholy-Nagy: de la abstracción al pop

László Moholy-Nagy: Celos, 1927. © Herederos del artista.

Uno de los artistas más importantes del siglo XX, el húngaro László Moholy-Nagy es, además, uno más de los artistas totales nacidos en el seno de las vanguardias de principios de siglo. Fotógrafo, pintor, dibujante, diseñador gráfico, escenógrafo y cineasta, gracias a la última exposición antológica que paseará por varias ciudades europeas, podremos disfrutar de su actividad polifacética.

Dos actividades llaman profundamente la atención en esta muestra, y son la fotografía y el cine como elementos fundamentales de expresión artística. Sumido en el debate sobre las virtudes o no de estos medios de reproducción mecánica, Moholy-Nagy superó su condición original de registradores documentales para deslizarlos hacia el terreno de la artisticidad y de la vanguardia. En el caso de la fotografía, llevó al límite las posibilidades experimentales del fotograma en la misma época de Man Ray, y aportó encuadres audaces muy similares a los de su contemporáneo Aleksandr Rodchenko.  Gracias a su empeño, logró que la fotografía se incluyese en el currículo de la Bauhaus en 1928. En el caso del cine, destacan sus vistas de ciudades como Berlín o Marsella, en las que el pretendido registro documental revela una mirada original al captar escenas y personajes insólitos de ambas metrópolis.

Con todo, su adscripción a la abstracción en gran parte de su obra también se manifiesta en una de sus películas experimentales más importantes, Juego de luces negro-gris-blanco (1930), en el que el color, el espacio y el movimiento se convierten en una sinfonía de la vanguardia menos complaciente.

No deja de resultar curioso que su última producción, realizada a finales de los años 1940 y vinculada a su proyecto académico del Chicago Institute of Design, abandone ese talante abstracto y surreal para adentrarse en otro colorista, figurativo e ilustrado por una banda sonora jazzística, que se inserta como precedente insólito del imaginario pop. En el filme Do Not Disturb (1945) comprobamos que el universo fragmentario y cool que lo puebla provino de sus estudiantes. No obstante, la permisividad de Moholy-Nagy para concederles libertad creadora por encima de cualquier norma educativa sirve para engrandecer aún más la figura de un artista capaz de ser sensible a cualquier signo de modernidad que rodease su universo visual.

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