Miquel Barceló murió de éxito

Es curioso comprobar lo mal que envejecen algunas tendencias que, en su momento, fueron alabadas por la crítica como la última coca-cola del desierto. Pero lo peor es cuando quienes envejecen mal son los artistas, y Miquel Barceló y Guillermo Pérez Villalta –a quien dedicaré próximamente otro texto– son un caso de ello, ahora que los aficionados al arte pueden acercarse a sus obras más recientes.

Hace un par de meses se anunciaba una retrospectiva de Barceló en el Caixa Fórum de Madrid y, si la memoria no me falla, estará a punto de concluir. Por cuestiones espacio-temporales, no me ha sido posible visitarla, pero si a alguno de ustedes le apetecía y, sin embargo, se les olvidó la cita ineludible, puedo decirles que no se habrán perdido nada del otro mundo. No necesito una bola de cristal para dictaminar semejante pensamiento, que no es un improperio sino la afirmación de una realidad: Miquel Barceló es como Antoni Tapiès cuando a Antoni Tapiès le apodera el tedio.  La diferencia reside en que Tapiès, si alguna vez se ha aburrido, ha sabido disimularlo con paletadas de creatividad y oficio. Barceló, por desgracia, murió de éxito cuando aún le quedaba mucho por ofrecer, para quedar convertido en ese verso de Paul Verlaine que reza “yo soy el imperio al final de la decadencia”.

Barceló lúdico: L'amour fou, 1984. © Colección La Caixa.

Aun recuerdo cuando en 1985 visité su exposición individual en el Palacio de Velázquez en el Retiro de Madrid. El dato puede parecerles irrelevante, pero no lo es por dos razones: en primer lugar, Barceló celebra su primera (cuasi)retrospectiva con tan solo 28 años; en segundo lugar, es la primera vez que ese espacio se dedica a la muestra individual de un artista, proyectado hacia el hiperespacio artístico en la época de mayor gloria para la especulación del mercado. Yo ya sabía de él por alguna exposición en la galería Juana de Aizpuru, aunque especialmente captaba mi atención por su aparición frecuente en ese programa de culto que fue La Edad de Oro. Y no por su verbo fluido –algo que no es importante en un artista visual–, sino por la originalidad de sus métodos y el hecho de que se le veía divertirse en su realización: la estampa de él y Javier Mariscal zambullendo sus lienzos pintados en las playas de Portugal son una buena muestra de esa felicidad, ese humor en el acto de la creación/destrucción.

Por desgracia, a finales de los ochenta descubre África. Y si aquel continente había sido capaz de iluminar la mirada de Eugène Delacroix, Paul Klee o Henri Matisse, por el contrario sumió a Barceló en la peor de las cegueras. El viento del Sáhara secó y acabó por enterrar la imaginación humorística de sus primeros años, concretados en esas paellas y en el Mediterráneo lúdico de sus primeras obras maestras. Después de ahí, todo quedó bañado por la monocromía en una monotemática… monotonía.

© Miquel Barceló: La solitude organisative, 2008

Una de sus últimas obras, que según los medios culmina su retrospectiva del Caixa Fórum, se titula La soledad organizativa y en ella representa a un simio acurrucado en una esquina del estudio del artista. Como cuando vamos a ver a los monos en el zoológico, como en los cuadros que pintaba Gilles Aillaud con los animales en el zoológico, Barceló ha resumido de forma cabal el problema de su producción artística: el hastío con el que nos miran los animales es la proyección de nuestra propia mirada, monótona y fría. La misma que nos asalta al contemplar los cuadros de un artista que se traicionó a sí mismo cuando empezó a tomarse demasiado en serio.

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  1. Myriam Toledo

    Miquel Barceló está buscando nuevos caminos…..pero cuando uno se debe a sus galeristas tiene miedo y se copia a si mismo para el beneplácito del público. Estrañada quedé en la exposición, estaba bastante bien montada,con unos expositores virtuales de sus libretas de apuntes, que aunque no tenian el tacto y calidad del papel era toda una aventura pasar sus hojas. Digo estrañada pues estaba abarrotada de marujas enjoyadas bastante pijas,que hablaban de la obra de Barceló como si de un vestito de marca se tratase, hablaban y hablaban sin detenerse a sentir el cuadro, la pincelada , la fuerza , la ironia….no duré mucho , escapé buscando a mi hija que estaba pasando hojas y hojas sin parar.Que pena,
    pues necesitaba el silencio y la soledad para observar al pintor al que yo tenía como referencia.Se convirtió en un circo.

    • Cat

      bonjour
      lors de mon séjours à Barcelone j’ai eu le grand plaisir d’aller voir l’expo . C’était tellement puissant que je ‘n’ai pu voir que la moitié de son oeuvre….j’ai du y retourner pour continuer à absorber son travail..

      voy a procurar traducir en castellano (lengua de mis antepasados)

      en septiembre 2010 tuve el grand placer de ver l’expo en la caixa forum..hera tant potente que no pude mirar que media exposicion…tuve que volver otra vez para poder continuar a absorver su trabajo

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