Música para filmes inexistentes (1): Portishead

Si el otro día me lamentaba de la falta de originalidad de Sade, hoy afortunadamente dedicaré unas líneas a la otra cara de la moneda. Gracias a su productividad más reciente, está costando menos tiempo escuchar las ingeniosa música de Portishead. Compuesto hace casi 2o años por la vocalista Beth Gibbons y los músicos Geoff Barrow y Adrian Utley, es una de esas formaciones que, si no tiene nada nuevo que decir, prefiere guardar silencio. Lo malo es la situación en la que dejan a sus incondicionales.

Beth Gibbons, Geoff Barrow y Adrian Utley: Portishead

Sus canciones no se sitúan, precisamente, en ninguna zona de confort. En los años noventa, con discos como Dummy (1994) y Portishead (1997), fluctuaban a sus anchas en los amplios márgenes de lo que se dio en llamar trip-hop; eso sí, añadiéndole la grandiosidad y a veces el punto siniestro con samples tomados de bandas sonoras cuyo referente parecía John Barry, Angelo Badalamenti e incluso el propio Bernard Hermann. Para ilustrar a lo que me refiero, lo mejor es que escuchen y vean este vídeo, uno de los más friquis que se han filmado jamás gracias a la niña, que parece sacada directamente de El resplandor:

Portishead: All Mine. © 1997, Go Beat.

Su jugueteo con los instrumentos clásicos les llevó, incluso, a plantearse en 1998 la realización de un curioso grandes éxitos acompañados por la New York Philarmonic Orchestra. Y la verdad es que es toda una delicia escuchar los murmullos gatunos de la Gibbons junto a la orquesta de cuerdas y metales, y los scratches y acordes de guitarra de sus compañeros. De ese concierto surgió la versión de una de mis canciones favoritas de todos los tiempos, que muy bien podría haber acompañado el clímax de cualquier película inexistente:

Portishead: Glory Box. © 1998, Go Discs.

Y, luego, el silencio durante diez años para volver renacidos en Third (2008). No esperen en él una tercera parte de un Portishead peliculero, de salas en penumbra, volutas de humo y paladares con sabor a whisky. Si acaso, han pasado del melodrama o el cine negro a otro urbano de raíz futurista: su regreso les ha hecho trastocar, por tanto, la suavidad de la seda por la afilada hoja de acero sobre la que parecen ir andando de puntillas los tres miembros del grupo… Bueno, o quizá los dos integrantes masculinos, pues estoy de acuerdo con “la petite Claudine” en que la buena de Beth Gibbons no parece haber cambiado de registro con el mismo ímpetu que sus colegas Barrow y Utley. Para muestra, Chase The Tear, canción que acaban de grabar y que podría muy ilustrar una vertiginosa persecución en cualquier peli de ciencia ficción distópica –por supuesto–.

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