Terror cotidiano en “La cabina”

Recuerdo que la vi de pequeño y me dejó profundamente impresionado. Duraba tan solo media hora y, en realidad, era un mediometraje realizado para la Televisión Española sin difusión en las salas de cine. Pese a ese detalle, su calidad y la angustia que transmite la convierten en uno de los ejemplos más característicos del terror fílmico contemporáneo; además, se coloca muy por encima de la media del cine español que se proyecta en la actualidad. Me estoy refiriendo a La cabina (1972), realizada por Antonio Mercero, con guión del propio director y de José Luis Garci –director de las destacables El crack I (1981) y El crack II (1983), y primer Oscar™ para el cine español en la categoría de película de habla extranjera con Volver a empezar–.

Fotograma de La cabina. © 1972, RTVE.

La estructura de la historia es muy sencilla, al menos en apariencia: un hombre de mediana edad (José Luis López Vázquez) lleva a su hijo hacia el autobús escolar. Ambos reparan en que hay una cabina nueva en el centro de la plaza donde viven, de modo que, antes de marcharse a trabajar, el hombre decide realizar una llamada telefónica. Justo cuando está tecleando el número, la puerta de la cabina se cierra de forma imprevista y él, sin poder creérselo, comprueba que es imposible abrirla pese a todos los esfuerzos invertidos. A partir de entonces pasará por momentos de humor, sorpresa y angustia, cuyo desenlace prefiero no desvelarles.

Lo importante, en relación con este blog, es la clara relación con lo siniestro, en tanto que éste representa el desvelamiento de algo que jamás debe revelarse y, por encima de todo, el extrañamiento –como mantenía Freud–, de algo cotidiano. Al ver este mediometraje experimentamos la misma desazón que si observamos una calle en el centro de la ciudad absolutamente vacía a las doce del mediodía –algo con lo que jugó Alejandro Amenábar años más tarde en el inicio de Abre los ojos (1997)–…

Pero lo mejor es que experimenten lo siniestro ustedes mismos, viendo íntegra La cabina cuando pulsen aquí. Quedan advertidos. Después de más de 4o años aún me sigue provocando la misma angustia.

[Coda] Muchos especialistas en la materia y comentaristas han intentado explicar el argumento en relación con la situación claustrofóbica de España durante la dictadura de Franco –que estaba ya en sus últimos años–. Como la censura seguía siendo implacable, la cabina sería una metáfora de la represión. Sus responsables guardan silencio al respecto. En el fondo es mucho más que todo eso, convirtiéndose finalmente en un símbolo universal. Y si no, juzguen ustedes mismos, leyendo esta entrada en la soledad de su habitación o de la oficina, encerrados en sus (nuestras) propias cabinas… En sus (nuestras) islas reales o inventadas…

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