Cenizas a las cenizas…

Sevilla, 1992. Toda la ciudad y el país se engalanan para mostrar al mundo la modernidad española y su puesta de largo en la Unión Europea. El Estado gasta una parte importante de su presupuesto en habilitar la Isla de La Cartuja como sede de la Exposición Universal de 1992. Artistas y arquitectos de casi todos los países dejan en la ciudad su talento y la oportunidad de que gran parte de sus obras formaran parte de un enorme parque tecnológico y recinto empresarial… A los 18 años de tan magna experiencia, tan solo quedan las cenizas y la decadencia.

© 2009, Pérez Cabo.

Algunas obras, como esta que ven del célebre pintor chileno Roberto Matta, han sufrido años de deterioro ante la impasibilidad de las autoridades andaluzas. Otras fueron desmontadas tras la Exposición sin reparar en que con el paso de los años podrían multiplicar su valor en varios ceros: este es el caso de la torre del escultor Anish Kapoor, actualmente uno de los artistas más cotizados del mercado internacional.

Ya no importa solo que el pretendido parque tecnológico se convirtiera en lugar para la prostitución y los paseos nocturnos en busca del deseo furtivo. Tampoco que los propósitos del gobierno se volatilizaran en pavesas, pues la historia del país está llena de ese tipo de episodios. Lo importante es el escaso valor material que nuestra sociedad otorga a lo que es especial, relevante, singular. En definitiva, a lo que tiene aura. Y el aura, en un mundo lleno de mediocridad y de pragmatismo, es un bien escaso.

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