Mal y humor

Responsable de millones de muertes en su país, la dictadura de Stalin ha pasado a la historia como una de las más crueles y de las más duraderas. Destierros y gulags, ejecuciones y hambrunas, son términos estrechamente vinculados a una de las épocas más oscuras de la historia rusa. La actitud implacable con sus enemigos le llevaba incluso a borrar sus retratos de las fotografías oficiales, con el fin de eliminar cualquier trazo de la historia y la memoria colectivas.

Observen estas fotografías. En la de arriba, Nikolai Yezhov aparece retratado a la izquierda de Stalin. En la de abajo, acaba de desaparecer. La causa es muy sencilla: Yezhov cayó en desgracia y, en consecuencia, fue ejecutado por orden del dictador. Al modo de los antiguos faraones, no era suficiente con el tiro de gracia, sino que fue borrando todas y cada una de sus apariciones en la historia reciente de la URSS.

Si menciono este ejemplo es porque su obsesión con la idea de diseminar su figura a través de los medios de masas  era una de las formas habituales en que los dictadores actuaban con sus súbditos. Y ello explica, además, su rechazo y condena de movimientos de vanguardia como el constructivismo y el suprematismo en favor del realismo socialista. Como pueden imaginarse, cuanto más realista es la imagen del líder, más fácilmente se instala en la memoria aterrorizada de su pueblo. Y si no, recuerden la magistral recreación del Gran Hermano en la novela de George Orwell 1984.

Así pues, resulta enormemente valiosa una información publicada hace ahora unas semanas. En ella se informaba de una curiosa exposición llevada a cabo en Moscú. En sus paredes se podían contemplar 19 dibujos académicos de finales del siglo diecinueve que representaban desnudos masculinos. La información, sin embargo, no es importante por esto, sino porque todos compartían un curioso detalle: tenían escritos sobre ellos groseros comentarios de Stalin, escritos alrededor de la década de los 1940.

Desnudo masculino con frase de Stalin.
En uno de ellos se leía: “Denle un par de calzoncillos al muchacho”; en otro: “No te sientes con el culo desnudo en la piedra: hace frío”. Pero otros eran dardos envenenados hacia sus enemigos del pasado, muchos de ellos ejecutados por orden suya. Sobre la academia de un anciano desnudo se identifica este texto: “¿Por qué estás tan delgado, Mikhail Ivanovich? Trabaja un poco. Masturbarse no es trabajar. Intenta con el marxismo”.

Lo más siniestro no es la falta de respeto mostrada por Stalin. Hagamos volar nuestra imaginación hacia el infierno más recóndito. Intentemos imaginarnos al dictador sentado en uno de sus sillones más cómodos y calentito al lado de la chimenea de su dacha. Ahora, pensemos en cómo deja sobre la mesa la pluma con la que acaba de firmar la sentencia de muerte número n o la admisión de algún enemigo a un gulag. Acto seguido, toma el lápiz azul o rojo para escribir estos comentarios tan soeces sobre los cuerpos desnudos. Probablemente, esa acción provocaría una sonrisa diabólica en sus labios antes de irse tranquilamente a dormir.
Imágenes como esta son las muestras más evidentes del horror, mucho más que el peor de los monstruos, cataclismos y supersticiones. Y el terror que nos producen no es otro que el que late en nuestro entorno más cotidiano.
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