Sobre el kitsch como arma arrojadiza

La violencia no es una opción. No puede serlo desde un punto de vista racional ni ético, por tanto, no debe haber ninguna tolerancia hacia la agresión perpetrada al Primer Ministro italiano, Silvio Berlusconi, el pasado domingo. Tras un acto multitudinario frente a la catedral de Milán, conocida comúnmente como el Duomo, un hombre le arrojó una estatuilla de metal a la cara. Como resultado del golpe, el líder perdió un diente y sufrió varias heridas en la nariz y en las mandíbulas.

Un souvenir similar al corpus delicti. © 2oo9, The Associated Press.

Habiendo dicho esto, hay alrededor de este caso varias cosas curiosas, y sobre ellas me quiero detener. La primera se relaciona con el objeto utilizado: un souvenir del Duomo de Milán. Lo que mejor define algo así es, con mucho, su naturaleza kitsch. Hasta ahora, el kitsch se consideraba un ataque al buen gusto, pero, por primera vez en la historia, se convierte literalmente en un arma arrojadiza.

La segunda tiene que ver con el contenido del objeto en cuestión. Quizá el agresor, un hombre que sufre de enajenación mental, desconocía cualquier simbolismo relacionado con el corpus delicti o, mejor aún, con el objeto que representa. Olviden la imagen industrial de Milán o su identidad como capital de la moda. La ciudad y su Duomo se vinculan tristemente con algunos de los eventos más contradictorios de la Italia moderna y contemporánea: el fascismo tuvo su origen en esa ciudad, el Duce dio muchos de sus inflamdos discursos con la catedral como telón de fondo y Lombardía fue la región en la que se fundó la Liga Norte, partido de extrema derecha. Así pues, se asocia de nuevo con un tema controvertido muy a su pesar…

Puede que Marcel Duchamp se adelantara a todo eso con uno de sus innumerables ready-mades. Me estoy refiriendo a uno en el que realiza un comentario irónico sobre la palabra objet d’art –objeto artístico–, al transformarlo en un objet dard –objeto dardo–. Por primera vez en el arte, Duchamp había calibrado la naturaleza violenta de un objeto artístico y su cualidad para ser arrojado, algo que ya había anticipado años antes Alberto Giacometti en su Objeto desagradable (para tirar). La única diferencia entre el souvenir y la obra de arte es la posibilidad del segundo y el cumplimiento del primero. ¿Tendrá algo que ver la apuntada torre del Duomo con ambos objetos desde el punto de vista freudiano?

Marcel Duchamp: Objet dard, 1951. © 2oo2, Succession Marcel Duchamp/ADAGP and DACS.
Alberto Giacometti: Objeto desagradable, 1931. © 2oo9, ARS/MoMA, New York.

Finalmente debemos recordar otra cosa de este evento deplorable. En lugar de buscar la mejor solución para la crisis política en Italia, algunos miembros del partido en el poder se aprovechan de ello para apelar a la restricción de la libertad de prensa. Apelan que el ataque es, en realidad, una conspiración instigada por los sindicatos de izquierda. Así pues, el Duomo sería, de nuevo, el telón de fondo de un incidente controvertido. Quizá es momento de pensar en la deteriorada imagen de la democracia en Italia, no de su presidente, que ha ganado varias elecciones por mayoría absoluta y mantiene su popularidad.

Como resultado final de todo lo anterior, es probable que las estatuillas del Duomo –junto con las del David de Michelangelo o el Coliseo, o el Chrysler Building o la Torre Eiffel– pronto desaparecerán de las tiendas de souvenirs debido a su potencial peligrosidad. Quizá los vendedores se embolsarán menos euros; quizá nosotros, los transeúntes, nos libraremos por siempre jamás de un ataque continuo al buen gusto y a la sensibilidad visual.

Coda [16 de diciembre]: Estaba viendo la televisión esta mañana cuando me sorprendí al saber que las estatuillas del Duomo cuestan ahora 9 euros –alrededor de $12–. Aviso a los turistas: sean cuidadosos con las estatuillas y guárdenlas en los equipajes que facturen. Si los esconden en sus equipajes de mano, puede que acaben lanzados a la papelera junto con cientos de botellas de agua y de perfume, cuchillas de afeitar, tijeras, etc. O mejor cómprenlas en las tiendas libres de impuestos de los aeropuertos, debidamente selladas y con el recibo correcto.

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